El Peso de Pensar

Escribir para entender lo que antes no se podía comprender.

por Demo4836xt

Índice

Amor que no fue, pero dolió Identidad, máscara y contradicción Pérdida, muerte y memoria Esperanza, elección y humanidad Nostalgia y memoria emocional Nota del Creador

Amor que no fue, pero dolió

¿Amo a la persona… o amo la idea que construí de ella?

Que no amanezca

Las noches se tornan deseo encendido, pues solo en sueños te tengo conmigo. En mi almohada invento momentos que al despertar se vuelven tormentos. Tu risa habita mi mente en silencio, eco suave de un dulce fingimiento. Mis manos vacías trazan tu piel, fantasma ardiente, cruel y fiel. Cierro los ojos y ahí estás tú, sombra dorada bañada en luz. Pero al abrirlos, todo es gris, y tu ausencia muerde como un desliz. Duermo esperando volverte a encontrar, prefiero la niebla a esta soledad. prefiero dormir y ya nunca despertar.

Sueños prestados

Las noches se tornan puro anhelo, pues solo en sueños toco tu cielo. Mi almohada guarda risas fingidas, que al despertar, se vuelven heridas.

Luz que castiga

Las noches son deseo, los días castigo, el sol me hiere, no es mi abrigo. Anhelo el ocaso más que el albor, pues solo en sueños hallo tu amor.

Presencia en el aire

Camino entre sombras buscando tu voz, como si el viento guardara tu aliento. Cada rincón murmura tu nombre, pero es mi mente quien dicta el cuento. La luna se cuela por mi ventana, vigía silente de mi desvelo. Y en cada estrella que parpadea, creo ver brillar tu destello. Tus huellas no pisan, flotan, se van, dejando perfume en lo que no está. Y yo, naufrago en tu marea, me aferro a lo que el alma desea. Si no eres real, no importa ya, porque el amor, aun solo, sabe amar.

Madrugada sin ti

Gotea el reloj su amarga condena, y cada segundo se vuelve cadena. Mis sábanas frías repiten tu forma, pero al tocarlas, la piel se deforma. Fuiste relámpago, breve y profundo, dejaste fuego en mitad del mundo. Ahora camino por dentro del día como quien lleva una herida vacía. Te sueño con furia, te llamo en silencio, y al no tenerte, mi pecho es incendio. ¿Dónde te escondes cuando no estás? ¿Quién te protege de mi soledad? Amarte sin verte es cruel poesía, verso que arde y nunca termina.

Eco de tu adiós

En la penumbra susurra tu voz, como un recuerdo que no se apagó. Mis manos vacías aún buscan tu piel, como un ciego buscando el ayer. Las horas se rompen en mi reloj, cada segundo repite tu adiós. Y en el silencio, crece el dolor, como hiedra trepando en mi interior.

Donde ya no estás

El café sabe amargo desde que te fuiste, y la lluvia ya no moja igual. Camino por calles que antes reímos, y todo es eco, sombra, final. Ya no me habitas, pero persistes como un perfume que no se va. Y aunque la vida me empuja adelante, mi alma sigue en aquel sofá.

Si pudieras volver

Te esperaría en cada estación, aunque nieve, aunque el sol no vuelva. No porque me faltes, sino porque sin ti, yo ya no me encuentro.

Renacer

He llorado mares con nombre propio, y aún así, sigo aquí. No para olvidarte, sino para recordarme que el amor no se mide por lo que perdí, sino por lo que fui capaz de sentir.

Amanecer

Las noches se vuelven puro deseo, los días me queman con su candor feo. Anhelo que el sol se deje caer, que el amanecer se vuelva atardecer. Solo al dormir hallo algún consuelo, aunque mi mente navegue en tu cielo. Cierro los ojos buscando tu voz, pero el silencio responde feroz.

Cuando la noche calla

Cuando la noche se queda en silencio, es cuando más claro escucho tu eco. Tu ausencia retumba sin tregua ni calma, y el frío se adueña del rincón de mi alma. Mis manos rozan el aire espeso, como buscando un cuerpo, un beso. Pero solo hay sombras y el cruel rumor de que fuiste un sueño, no un amor. Me duele dormir, me duele existir, pues en ambos mundos no estás aquí. Y aunque te intento olvidar al andar, mi alma cansada vuelve a buscar.

Respirar sin ti

Respiro, pero no sé si vivo, desde que te has ido. El aire me pesa, el sol me hiere, y hasta mi sombra ya no me quiere.

Memoria hueca

Fuiste luz, pero también herida, una llama breve que marcó mi vida. Ahora solo quedan fotografías donde sonríes, pero ya no me miras. Tus promesas duermen en mis cajones, junto a cartas y viejas canciones. Y yo me pierdo en lo que no fue, intentando entender por qué se fue

Ausencia continua

No estás… y sin embargo, estás en todo. Como un eco que no se apaga, como un perfume que el tiempo no borra, como un adiós escondido en cada hola.

Debajo del silencio

Vivo debajo del gran silencio, donde no llegan tus “te quiero”. Me alimento de recuerdos rotos y de suspiros que ya no toco. Guardo el llanto tras una sonrisa, y mi verdad se esconde en la risa. Porque soltar duele más que caer, cuando amar fue lo único que supe hacer.

Aunque duela

No regreses, aunque te anhele. No me busques, aunque mi alma vuele. El amor, si duele hasta lo más profundo, ya no merece un rincón en este mundo.

A medias

Te fuiste… pero no del todo, dejaste tu voz en cada rincón del modo. Tus pasos aún suenan en mi memoria, como un eco necio que reescribe la historia. No sé si fui tuyo o solo una pausa, una estación breve que el alma abraza. Y aquí estoy, entre el olvido y la espera, amada a medias… y vacía entera.

Lo que no dijiste

Me duele más lo que no dijiste, las palabras que callaste, tan tristes. Ese “te amo” que nunca escuché, aunque la vi temblando en tu fe. Me dejaste dudas como heridas abiertas, como puertas sin llave, como promesas muertas. Ahora todo es eco, todo es tal vez, y yo sigo esperando… lo que jamás fue.

Sin lugar

No tengo un lugar donde no estés, porque tu sombra habita mis pies. Y cada paso, cada intento de huir, me devuelve al recuerdo de ti.

Última vez

Si hubiera sabido que era la última vez, te habría abrazado hasta borrar el después. Te habría dicho todo sin temor, con la voz desnuda, sin ningún pudor. Pero el amor, a veces, llega tarde, y el orgullo es una cárcel cobarde. Hoy solo tengo lo que no pasó… y un corazón que no te olvidó.

ojos que no miran

Me enamoré de unos ojos que no me miran y eso dice más de mí que de ellos. Los miro como se mira un cielo que no responde, sabiendo que no va a caer nada, pero quedándome igual por si acaso. Me enamoré de unos ojos que no me miran y aprendí a desaparecer despacio, a hablarle al silencio como si fuera alguien. No hubo promesas, solo imaginación mal acostumbrada a llenar vacíos con nombres que no son míos. Duele raro, porque no pasó nada y aun así lo perdí todo. Y sigo aquí, con el pecho intacto por fuera y algo roto adentro que no sabe a quién culpar.

Ropa

Mi ropa conserva tu aroma silente, como si tu ausencia no fuera suficiente. Cada prenda es un lazo invisible y cruel, que me ata al pasado… y a tu piel.

Ceniza

Lo que ardió con fuerza ahora es solo ceniza, restos de promesas que el viento improvisa. Ya no hay fuego, ni llama, ni abrigo, solo un frío constante, y este yo sin testigo.

Eco

Lo que alguna vez fuiste aún resuena en mi interior, como un eco lejano que no acepta el adiós. Camino entre voces que no me pertenecen, y me pierdo en recuerdos que jamás envejecen.

Puente

Intenté construir un puente con versos, pero el dolor no conoce universos. No se deja cruzar, no acepta consuelo, solo quiere que arda… todo mi cielo.

Sombra

Soy la sombra de lo que un día creí, una silueta que camina sin sí. No hay sol que me devuelva color, ni palabras que calmen tanto dolor.

Nota

Escribí una nota con todo lo que callo, pero el papel tembló con cada fallo. No se puede escribir lo que no se entiende, ni decir lo que el alma aún no aprende.

Tal vez amar no sea ver a alguien como es, sino aceptar que nunca podremos verlo completamente. Amamos versiones, interpretaciones, reflejos que encajan con nuestras heridas. Y aun así… decidimos quedarnos.

Identidad, máscara y contradicción

¿Quién soy cuando nadie está mirando… la máscara que aprendí a usar o lo que intento ocultar incluso de mí?

Realidad tras una máscara

Mi rostro se esconde tras una máscara, no por cobardía, sino por necesidad. Es mi escudo frente a un mundo que a veces duele más de lo que puedo soportar. He tejido mi vida con hilos de verdades a medias, de mentiras piadosas, de sonrisas fingidas cuando por dentro me deshago. Reprimo lo que siento, porque muchas veces amar y cuidar a otros significa silenciarme a mí. Mis sueños, tan reales en la noche, se desvanecen con la luz del día. A veces deseo no despertar, solo cerrar los ojos y descansar del peso de todo. Pero me repito promesas rotas, mentiras que me empujan a dar un paso más. Porque aunque el alma se me quiebre y el corazón sangre en silencio, sé que debo continuar. Así, tras esta máscara, oculto las lágrimas que la realidad me arranca, esperando, tal vez, que alguien algún día vea más allá… y me abrace sin preguntar.

Detrás del disfraz

Mi rostro se esconde tras un disfraz, protegiendo el alma de un mundo voraz. Vivo entre verdades a medias y sonrisas rotas, reprimo lo que siento para sanar otras bocas. Mis sueños se apagan al amanecer, y a veces no quiero volver a renacer. Pero aún con el alma rota y el miedo en la piel, me obligo a dar un paso más, aunque duela también.

Reflejo

Miro el espejo pero no me reconozco, la imagen que devuelve es un riesgo borroso. Soy sombra de quien solía soñar, ahora solo sé cómo fingir y callar.

Grito

Hay un grito atrapado detrás de mi piel, quiere salir, pero le teme al papel. Ni mi alma lo entiende, ni mi voz lo sostiene, y cada intento de hablar, solo más me detiene.

Voz

Felicidad, nobleza y valentía son sinónimos de ti no importaba lo que pasara siempre estabas para mí tu calor era la solución a cualquier día de dolor ahora solo me queda mirar al cielo y emular tu coraje de león.

Boca

Mi boca es una prisión y no permite liberar lo que siento las palabras se quedan atrapadas y no logran tocar el viento mi pecho sufre el dolor de guardar estos sentimientos mas no encuentro la llave que libera todo el sufrimiento.

Invisible

Soy ese que todos ven, pero pocos miran de verdad. El que siempre está presente, aunque su ausencia no alteraría nada. Cuando alguien necesita, me convierto en abrigo, en escucha, en solución. Pero cuando yo necesito, el silencio es mi única compañía. Parece que me acostumbré a no esperar nada, a ser autosuficiente por obligación, no por elección. Nadie nota mis batallas internas, porque aprendí a sonreír con los ojos llenos de guerra. Y lo entiendo… es cómodo tener cerca a alguien que no exige, que no reclama, que siempre da sin medida. Pero ¿Quién soy yo fuera de esa utilidad? ¿Queda algo de mí cuando todos se han ido?

Falsa sonrisa

Estoy tan acostumbrado a sonreír sin ganas, Que en ocasiones mi gesto se vuelve falso. Casi nadie se da cuenta, pero lo que antes era auténtica alegría ahora es pura fachada.

El Fuerte

La gente a mi alrededor cree que puedo con todo, y sí, puedo… pero eso no impide que me canse. Siempre soy el que resuelve, el que no cae, el que se mantiene de pie cuando todos desfallecen. Dan por hecho mi entereza, mi temple, como si el dolor no tuviera permiso de tocarme. Nadie pregunta si yo también necesito un abrazo, porque me creen indestructible… casi inhumano. Y cuando el mundo se rompe, ahí estoy, pegando pedazos ajenos con manos vacías. Pero, ¿Quién está para mí cuando me derrumbo? Nadie. Porque solo recuerdan que existo cuando me necesitan. Es agotador ser el fuerte, el que no puede darse el lujo de caer, el que siempre calla su propio llanto por consolar el ajeno. Pero sabes qué… ya no más. Si el mundo quiere que sea el fuerte, lo seré, pero a mi manera, con mi voz, con mis límites. No pienso seguir cargando lo que no me corresponde, ni esperar gestos que nunca llegan. Si voy a estar solo en esto, al menos que sea con dignidad. No seré mártir de nadie, ni sombra de todos. Seré mi propio refugio, mi escudo, mi verdad.

Yo también siento

A veces sonrío por fuera, mientras por dentro me deshago en silencio. Escucho dolores ajenos con el alma abierta, aunque la mía grite por auxilio. Tomo los miedos de otros entre mis manos como si fueran los míos, y me los quedo, porque sé lo que es llorar sin testigos. Soy refugio de tormentas que no son mías, pero que me mojan igual. Y mientras todos descansan tras llorar en mi hombro, yo me escondo… porque no quiero ser una carga más. Siento el dolor ajeno con tanta intensidad que a veces olvido que yo también necesito que alguien me abrace sin tener que pedirlo. La empatía es un don, pero también una herida que no cierra. Es ver sangrar a otros y abrir tu pecho para darles vendas mientras tú te desangras. Y lo más triste de todo… es que pocos lo notan. Porque creen que quien consuela, no necesita consuelo.

Cansado de ser fuerte

Hoy no quiero dar consejos, ni tener las palabras justas. Hoy no tengo fuerzas para cargar lo ajeno, porque lo propio ya pesa demasiado. Estoy cansado de fingir que puedo con todo, de ser la roca en cada naufragio, de mantenerme firme cuando por dentro solo quiero derrumbarme. No quiero ser inspiración, ni ejemplo. No quiero aplausos por resistir tanto. Solo quiero que alguien vea al humano detrás del escudo. Porque la fortaleza sin descanso, se convierte en condena. Y yo también necesito llorar, gritar, caer… sin que eso de pena.

El que escucha

Dicen que tengo un don saber escuchar sin juzgar. Y es cierto. Escucho con el corazón abierto, como si cada historia doliera en mi propia piel. Pero a veces me pregunto… ¿alguien se ha sentado a escucharme a mí? ¿A preguntarme cómo estoy sin esperar que diga "bien"? He aprendido a tragar palabras, a secar lágrimas antes de que broten. Porque sé que el mundo espera que yo esté bien siempre. Y si no lo estoy, no saben qué hacer conmigo. Así que me vuelvo silencio, me vuelvo sombra, y sigo dando lo poco que me queda. Porque aunque nadie lo note, yo también sangro. Solo que lo hago en silencio, para no preocupar a nadie.

Lo que me consume

A veces siento que mi alma nació rota, que cargo ausencias como quien carga una nota que nunca suena, que nunca explota, y aun así vibra en la herida que me azota. Tengo esta empatía que no me salva, que no me abraza, que solo me clava espinas ajenas con la misma maldita palabra que uso para mentirme cuando algo me acaba. Porque escucho dolores que no son míos, y los míos los guardo como cuchillos fríos, metidos en el pecho, hundidos, vacíos, temblando en silencio como viejos desvíos. Por eso mis gritos los vuelvo un murmullo, mis lágrimas, sombra, mis verdades, orgullo, mi tristeza la entierro donde nadie construyó ni casa, ni abrazo, ni un “aquí estoy”. Callar es mi arte, aunque duela la boca; hablar me traiciona, me rompe, me toca. Y entonces elijo la opción más loca: quemarme por dentro hasta volverme roca. Pero en esa roca nace la tinta, nace la voz que mi carne no grita, nace la culpa que nunca se quita, y nace el verso que al fin me necesita. Escribo porque si no lo hago me hundo, porque el silencio que trago es tan rotundo que parte mi pecho de un golpe profundo y me deja vacío, sin nombre, sin mundo. Escribo porque ahogar lo que siento me vuelve invierno, me vuelve viento, me deja sin piel, sin fe, sin aliento, y solo en los versos descanso un momento. Escribo porque allí mi dolor respira, porque el alma sangra y la herida conspira con todo recuerdo que vuelve y me mira como si fuera a matarme… y aun así me inspira. Escribo porque nadie escucha la grieta que escondo detrás de mi voz incompleta, porque soy la pregunta que nunca se aprieta y el miedo que miento cada vez que me reta. Escribo, sí… porque el silencio pesa. Porque mi alma tiembla aunque mi cara sea firmeza. Porque me hartó fingir fortaleza cuando por dentro grito mi propia tristeza. Y al final, en cada verso que dejo, queda mi historia, mi culpa, mi reflejo: la verdad fría que cargo en el pecho, el dolor que callo… y que solo escribiendo manejo.

Contradicción

Busco el silencio para estar conmigo, pero cuando llega, me siento enemigo. Cierro las puertas, finjo control, y el encierro me grita que no es solución. Pienso demasiado, me rompo al pensar, armo respuestas que vuelvo a dudar. Quiero orden, calma, razón y verdad, pero mi mente escribe caos al despertar. Me cubro de frío para no sentir, aunque por dentro no dejo de arder y latir. No sé si quiero que alguien me lea o que este peso se quede en marea. Camino al futuro con hambre y fe, y hay días sin fuerza para siquiera creer. No es pereza, ni falta de razón, es un vacío sentado en mi corazón. Soy duro por fuera, por dentro soy grieta, una armadura cansada de ser careta. Resisto la vida sin saber por qué, pero sigo avanzando aunque no sepa a qué. Si soy contradicción, no es error ni castigo, es la forma en que sigo vivo conmigo. Porque no estoy roto, ni perdido del todo, solo estoy aprendiendo a ser quien soy modo a modo.

Mi forma de ser

No nací tarde ni temprano, nací despierto. Con la mente llena y el mundo aún incompleto. Mientras otros gritaban risas, yo escuchaba el fondo, ese ruido bajo el pecho que no se va aunque todo esté en orden. Me hice amigo del silencio antes de aprender mi nombre. La soledad no fue ausencia, fue idioma. Ahí aprendí a pensar sin máscaras. Pienso demasiado, dicen. Como si pensar fuera un vicio y no una condena. Como si pudiera apagar la cabeza cuando la noche me mira y pregunta quién soy cuando nadie observa. No encajo. No porque sea distinto, sino porque no sé fingir ligereza. No sé vivir sin preguntas, no sé reír si algo dentro se quiebra. Cargo ideas como heridas: no sangran, pero arden. Y nadie las ve porque aprendí a caminar derecho aunque por dentro me incline. Soy joven, pero no inocente. Y eso pesa. Porque ver demasiado pronto me robo la calma que otros llamaron infancia. Aun así, sigo. No por fe, sino por terquedad. Porque rendirse sería fácil y yo nunca fui de lo fácil. No estoy roto. Estoy consciente. Y aunque esta lucidez duela como luz directa a los ojos, prefiero este cansancio lúcido a dormir una vida entera.

Tal vez la identidad no sea descubrir un “yo” puro debajo de todo, sino aceptar que somos capas: defensa, adaptación, miedo y deseo mezclados. La máscara no siempre es mentira. A veces es supervivencia. Madurar quizá no sea quitársela, sino elegir cuándo usarla sin olvidar quién respira debajo.

Pérdida, muerte y memoria

Si alguien ya no está… ¿desaparece realmente, o solo cambia de lugar dentro de nosotros?

Donde duerme el silencio

En las sombras suaves del amanecer, te busco entre recuerdos que no quieren ceder, tu risa aún vibra en la brisa, fugaz, como un eco del alma que no quiere paz. Te fuiste sin ruido, sin un último adiós, dejando preguntas que duelen con voz. ¿Por qué el dolor te cubrió tan de gris? ¿En qué momento el mundo dejó de ser feliz? Fuiste faro, fuiste abrigo, el amigo que nunca pedía, solo daba abrigo. Hoy la ausencia es un nudo que no puedo soltar, una lágrima constante que no quiere secar. Te imaginé viejo, contando historias al sol, no perdido en la noche, buscando el control. Pero no juzgo, no culpo, no exijo razón, solo abrazo tu sombra con todo el corazón. Ojalá supieras lo que aún significas, que tu nombre vive en nuestras pláticas tímidas. Que el amor que dejaste no se fue con tu voz, porque aún nos sostienes, aunque no estés con nosotros. Donde estés, amigo, que haya luz y consuelo, que el dolor haya sido reemplazado por cielo. Y si algún día nos cruzamos otra vez, te abrazaré fuerte, sin dejarte caer.

Ayer

No es necesario compensar lo de ayer pues por ti soy lo que siempre quise ser todas tu enseñanzas las llevo a donde quiera que voy también atesoro tu perfume para nunca olvidar tu olor.

Sinónimos

Felicidad, nobleza y valentía son sinónimos de ti no importaba lo que pasara siempre estabas para mí tu calor era la solución a cualquier día de dolor ahora solo me queda mirar al cielo y emular tu coraje de león.

Minutos

el tiempo avanza pero no me ofrecen una solución cada minuto, solo es recordatorio de mi aflicción la mirada siempre es baja y no encuentra el camino correcto en mi cabeza ya no hay sueños grandes ni pequeños.

Vela

La vela de esperanza poco a poco agota su cera a ritmo lento se termina mi ilusión de una nueva primavera la luz gradualmente desaparece y se convierte en sombras donde asta mi propia sombra me abandona la oscuridad me susurra al oído que se llevo todo lo que podría tener asta la esperanza se fue.

Tiempo

El tiempo me enseñó que las cosas no mejoran mintieron cuando dijeron que el tiempo todo lo perdona y que la vida era color de rosa. talvez es mi error y estoy haciendo todo al revés o tal vez debería adelantarme y eliminar todo mi ser.

Pecho

En mi pecho escucho latidos dirigidos a ti ese sonido me impide volver a sonreír pues es recordatorio de tu desaparecer quedando desgarrado como un papel.

Poderes

Tus poderes siguen teniendo efecto en mí pues los latidos de mi corazón van dirigidos hacia ti el planeta que me hiciste conocer nunca lo olvidaré ese lugar fue el último que logró erizar mi piel.

Rayo de luz

Fuiste como un rayo de luz en una absoluta oscuridad la esperanza en un mundo a punto de colapsar devolviste el color a todas mis mañanas grises y eliminaste de mi vida todo lo que era triste.

Amigos

Durante el camino observo desconocidos en algún momento nombré mis amigos con el viento su presencia se extinguió ahora solo diré que fueron una mala decisión.

Inmortalidad cuántica

No morí. Nunca. El mundo sí. Cada vez que el filo rozó la probabilidad, el universo parpadeó y me dejó aquí, respirando restos. En otros cuartos me lloraron. En este sigo caminando como un error persistente. Dicen que la muerte llega, pero yo solo he visto cómo se va todo lo demás. Si esto es inmortalidad no es luz, es castigo: existir sin salida, consciente, observando cómo cada versión mía aprende a sobrevivir peor que la anterior. Tal vez nunca muero porque ni siquiera el vacío me quiere completo.

La muerte detiene un cuerpo, pero no borra lo que dejó en la estructura invisible de quien permanece. Recordar no es aferrarse al pasado. Es permitir que aquello que perdimos siga modificando quiénes somos. No cargamos ausencias. Cargamos transformaciones. Y en ese sentido, nadie se va del todo.

Esperanza, elección y humanidad

Si el dolor puede volverme frío… ¿qué me obliga a seguir eligiendo ser humano?

A tu mejor versión

No necesitas tener todo resuelto hoy, la vida no exige certezas al sol. Basta con un paso, con un leve “estoy”, aunque el rumbo se cubra de gris o de crisol. Lo que importa es levantarte, aunque duela, aunque el alma pese más que la razón. Cada tropiezo es semilla que vuela rumbo al jardín de tu transformación. Sigue caminando, sin prisa ni miedo, con la frente en alto y el corazón en juego. No te detengas por dudas ni enredos, que en cada paso florece tu fuego. Y mantén la fe, tu faro en la bruma, cree que el camino no es en vano andar. Cada error, cada logro, cada espuma, te está llevando a tu mejor lugar. A tu mejor versión, aún por nacer, donde el dolor es lección, y el amor, poder. Sigue, que aunque hoy no veas la estación, el tren no se detiene: va hacia tu evolución.

Aun así te eligen

En tu mejor versión, podrías brillar, tocar las estrellas, incluso volar. Pero si es la persona equivocada, ni tu luz más pura será valorada. No importa cuánto llegues a cambiar, cuánto te esfuerces o quieras dar. Si no ve tu alma, tu esencia, tu ser, nunca habrá nada que pueda valer. Puedes ser fuego, y también calma, y aun así sentir vacío en el alma. Porque hay miradas que no ven verdad, solo reflejos de superficialidad. Mas hay quien llega sin pedir razón, te abraza el alma, sana tu corazón. En tus días grises, cuando no das más, aun así te elige, aun así se queda en paz. Cuando no eres fuerte, ni sabes quién eres, cuando solo quedan tus viejos placeres, esa persona no busca tu acción, ama tu esencia, tu imperfección. Porque el amor real no exige razones, ni mide el valor por tus condiciones. Ve en tus ruinas un nuevo florecer, y en tu silencio… te vuelve a querer.

Tengo todo para ser villano

Tengo todo para ser villano, un pasado oscuro entre mis manos, noches largas hablando al piano, silencios rotos, sueños lejanos. Tengo razones, tengo condena, tengo memorias hechas cadena, tengo cicatrices que no se ordenan, tengo un corazón lleno de pena. Estoy quebrado, no lo escondo, cargo tormentas en lo más hondo, cargo promesas sin segundo, cargo despedidas sin retorno. Perdí demasiado en este viaje, aprendí del golpe y del paisaje, vi cómo el amor cambia de traje y cómo el dolor deja su mensaje. Aun así elegí no caer, elegí quedarme aun al perder, elegí seguir siendo mi ser cuando era más fácil desaparecer. Sostuve mi alma con manos frías, con miedo antiguo, con noches vacías, aprendí a llorar sin hacer ruido, aprendí a vivir con lo perdido. Pude ser odio, pude ser herida, pude ser sombra, pude ser caída, pude volverme lo que me partía, pero elegí cuidar lo que vivía. Camino lento, camino cansado, con el pecho roto pero parado, con el pasado bien marcado y el futuro apenas dibujado. Porque el mundo no sana con maldad, ni con venganza ni crueldad, sana cuando alguien sin paz decide aún tener humanidad. Yo no soy héroe ni salvador, soy cicatriz con voz interior, soy el que sangra sin hacer rumor, soy el que cae y guarda honor. Tengo todo para ser villano… pero elegí ser humano.

Aquella noche

A las tres de la mañana, cuando el mundo ya no piensa en mí, me senté en aquella banca helada, solo, roto, sin ganas de existir. Mi mirada no buscaba nada, ni respuestas, ni consuelo, ni fin. Solo el viento pasaba y cortaba, más honesto y más frío que yo en mi existir. No lloré, ni temblé, ni llamé; aprendí a aguantar hasta no sentir. Es lo que pasa cuando uno aprende por dolor, y no por seguir. Y aun así, sin mensaje ni aviso, sin un “estoy mal”, sin un “ven aquí”, ella llegó como llega el juicio, callado, directo, sin preguntar por mí. No entendí cómo supo el lugar, ni por qué eligió esa noche venir, pero se sentó en silencio a mi lado, como si mi vacío la quisiera decir. La banca era dura, igual que la vida, igual que la verdad que me tocó asumir: que a veces das todo y nadie se queda, y a veces no das nada… y alguien decide no ir. El viento nos golpeaba sin pausa, como queriendo confirmar lo que aprendí: que ser suficiente no depende del alma, sino de a quién se la quieras abrir. Y ella estuvo ahí, sin palabras, ni luces, mientras yo era apenas un eco gris. No vio mi mejor versión —esa ya la di tantas veces— me vio roto, perdido, y aun así… me eligió así. Por eso esa noche quedó tatuada, como un corte que ya no quiere latir: porque entendí que para la persona equivocada ni brillando entero me iban a ver por mí. Pero para la correcta —aunque llegue en tu sombra— eres suficiente incluso al no sonreír. Porque hay quien se queda en tus días rotos, y quien se va aunque te vea por fin. Y ahí, en esa banca fría en el parche, sin una lágrima, sin un “por qué estoy aquí”, descubrí que las verdades más duras se sienten antes de poderlas decir. Que las palabras sinceras nacen de heridas, y esa noche… yo sangré sin abrir. Pero aun en mi silencio, ella entendió algo: que incluso vacío… seguía siendo “yo” para alguien al fin.

No son las llamas

La peor parte del infierno no son las llamas, es cuando la esperanza se apaga sin dramas. No es el fuego gritando en la piel, es el frío diciendo: “ya no intentes creer”. El fuego te quema y sabes que arde, te deja cicatriz, te enfrenta cobarde. Es guerra directa, brutal, evidente, te rompe de golpe, te deja consciente. Pero el hielo… el hielo es distinto, no ruge, no avisa, no pinta un instinto. Se mete en los huesos, se queda callado, te enfría los sueños, te deja cansado. Ambos queman, lo sé, es verdad, pero uno es incendio y otro eternidad. El fuego consume y luego termina, el hielo te obliga a seguir en la rutina. Te obliga a intentar cuando ya no hay fe, a dar otro paso sin saber por qué. Te obliga a sonreír cuando quieres caer, a seguir respirando sin ganas de creer. La peor parte del infierno no son las llamas, es mirar al futuro y no ver mañanas. Es despertar vacío, sin nada que esperar, es tener un motivo… y dejarlo escapar. Yo no escribo por fuego ni por explosión, escribo por frío, por lenta erosión. Porque el hielo me cansa, me quiere rendido, me quiere en silencio, me quiere vencido. Tengo razones para odiar y romper, para volverme sombra y dejar de creer. Pero si pierdo la esperanza en el proceso, entonces el hielo habrá ganado el peso. Así que rimo. Así que insisto. Aunque esté roto, aunque esté triste. Porque mientras me duela perder la ilusión, significa que vive dentro el corazón. Mientras me asuste quedarme sin fe, es que aún queda algo peleando en mí. La peor parte del infierno no son las llamas, es el frío que susurra y te roba las ganas. Pero sigo de pie, aunque tiemble por dentro, porque rendirme no me es una opción, la peor parte del infierno no son las llamas es la perdida de toda esperanza

No es la ingenuidad lo que nos mantiene humanos. Es la decisión consciente de no convertir el daño recibido en daño devuelto. La esperanza no siempre es optimismo. A veces es resistencia. Elegir no endurecerse cuando sería más fácil hacerlo es una forma silenciosa de fuerza. Ser humano no es no romperse. Es romperse y aun así no volverse piedra.

Nostalgia y memoria emocional

¿Por qué hay recuerdos que duelen… aunque nunca hayan sido realmente tristes?

Halo 3 ODST

Yo era inquieto, por eso abrí la caja, por eso prendí la consola sin saber lo que dejaba. La noche estaba puesta, la ciudad respiró, y la lluvia cayó lento como cae una canción. Another Rain no hablaba, no pedía atención, solo se quedaba conmigo cuando nadie más quedó. Caminé entre calles mojadas sin ser nadie especial, no era héroe, era cuerpo aprendiendo a estar. Jugaba solo muchas veces, otras no tanto, mi hermana compartía el sillón y el silencio era pacto. El final nunca llegaba, el disco decía que no, se rompía justo ahí donde se rompe la voz. Aprendí sin darme cuenta algo que hoy sé mejor: no todo lo que importa necesita un adiós. Pasaron los años, volví a escuchar la lluvia, un video, una canción, escalofrío y sonrisa. No era el juego, no era la misión, era el niño que fui quedándose donde la lluvia todavía suena como hogar.

Another rain

La lluvia no cae, se queda. No corre, no golpea, solo acompaña. Hay música que no quiere salvarte, solo sentarse a tu lado cuando nadie habla. Another Rain no empieza, aparece, como un recuerdo que no duele pero pesa.

La nostalgia no es tristeza por el pasado. Es conciencia del tiempo. Duele porque entendemos que ese instante fue irrepetible, porque sabemos que ya no somos la misma persona que lo vivió. Recordar no es querer volver. Es reconocer que hubo un momento en el que fuimos exactamente quienes necesitábamos ser. Y eso, aunque duela, también es una forma de gratitud.

Nota del Creador

Gracias por leer este libro. Fue hecho con todos los poemas que alguna vez escribí cuando algo me pasó. Si te diste cuenta, muchos de estos versos relatan partes de mi vida, con el sentimiento exacto que sentí en ese momento. Yo escribo para sacarlo, darle forma, entenderlo. Para que el ruido tenga nombre. Para que el dolor no sea solo dolor, sino significado. No escribo porque tenga respuestas. Escribo porque pensar pesa… y a veces la única forma de sostener ese peso es convertirlo en palabras. — Demo4836xt